PSICOLOGÍA JURÍDICA
Y FORENSE
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PSICOPATÍA

Y SOCIOPATÍA

ADVERTENCIA

Hemos llegado a una de las unidades probablemente mas esperadas de este curso. La temática que se analizará es producto de años de investigación y talvés de las polémicas.

Cómo lo analizaremos, nos daremos cuenta que los términos empleados tanto en la literatura como en la práctica forense no han sido los más apropiados y también nos adentraremos en lo que prodríamos considerar la "Triada oscura de la personalidad". Analizaremos la correlación neurológica hasta la exposición de casos reales.

Esta unidad será muy rica en contenido y debe advertirse a los estudiantes que se requiere mucha discresión y análisis objetivo para el estudio de este tema.

      OBJETIVOS DE APRENDIZAJE:

  • Conocer los antecedentes históricos que refieren a la psicopatía como un trastorno de la personalidad

  • Identificar los principales postulados que desde la psicología han estudiado la psicopatía

  • Conocer la distinción entre sociópatas y psicópatas 

  • aumentar el conocimiento sobre la psicopatía subclínica estudiando su relación con los otros dos componentes de la triada oscura de la personalidad para arrojar más datos al debate sobre qué elemento (si el narcisismo o el maquiavelismo) está más relacionado con la psicopatía.

  • Conocer los aspectos neurobiológicos hasta ahora conocidos sobre la psicopatía

  • Analizar casos reales sobre sujetos considerados como psicópatas.

R E S U M E N 

Las recientes conceptualizaciones de la psicopatía tienen su raíz en el trabajo de H. Cleckley en los años 40, quien postulaba que la psicopatía es una constelación de rasgos afectivos, interpersonales y comportamentales que se caracterizan por una ausencia de nerviosismo, insinceridad, incapacidad para amar, ausencia de remordimientos o culpa y una pobreza general de reacciones afectivas. Robert Hare operativizó en 1980 los criterios de Cleckley en un instrumento de evaluación llamado PCL (Psychopathy Checklist), y desde entonces existe acuerdo en la comunidad científica en entender la psicopatía como un trastorno de personalidad formado por dos factores fundamentales (Hare, 1996, 2003). El primero de ellos (factor I) abarca rasgos de personalidad como: grandiosidad, crueldad, falta de empatía, falta de culpa y remordimientos, frialdad emocional y capacidad de manipular a los demás. El segundo factor (factor II) se refiere más a un estilo de comportamiento antisocial que se describe como un patrón de comportamiento crónicamente inestable, impulsividad y versatilidad criminal.

 

Tradicionalmente se ha estudiado este trastorno en poblaciones carcelarias, ya que hay una clara ventaja de acceso a la muestra, es decir, la cárcel es el lugar donde con mayor probabilidad se van a encontrar psicópatas. Sin embargo, los resultados no son del todo generalizables al resto de la población psicopática, ya que no todos los sujetos con características psicopáticas se encuentran en la cárcel. El grupo de sujetos que no han entrado en contacto con la justicia y manifiestan características psicopáticas son conocidos como psicópatas subclínicos o psicópatas integrados. Como vemos, el término puede resultar confuso, ya que tanto “subclínico”o "integradeo" parecerían indicar que las características que exhiben estos sujetos no llegan a un nivel de “psicopatía” suficiente como para ser considerados psicópatas clínicos; sin embargo, el término “subclínico”o "integrado" hace referencia simplemente al hecho de que no han ingresado en prisión.

 

Hay pocos estudios centrados en estudiar muestras de psicópatas subclínicos. Widom (1977) llevó a cabo uno de los primeros estudios de psicopatía en muestra comunitaria, encontrando que la psicopatía estaba asociada a un fuerte consumo de alcohol, abuso de sustancias y comportamiento criminal persistente. Aunque llega a conclusiones de valor, los criterios que utilizó para reclutar a la muestra pueden hacer dudar de que realmente estuviera trabajando con psicópatas tal y como los entendemos hoy en día. Más tarde Belmore y Quinsey (1994, en DeMatteo, Heilbrun y Marczyk, 2006) entrevistaron a 30 personas que habían respondido a un anuncio del periódico que llamaba a aquellos adultos que alguna vez hubieran sido expulsados del colegio o del hogar antes de los 16 años. Consiguieron localizar con éxito a los participantes psicópatas, pero el 93% de los sujetos del grupo con altas puntuaciones en psicopatía subclínica y triada oscura de la personalidad había tenido historias previas de encarcelamiento, por lo que nos da poca información acerca de psicópatas no criminales.

 

Teniendo en cuenta las limitaciones de estudios anteriores, DeMatteo et al. (2006) diseñaron una investigación con el objetivo de examinar la psicopatía en una muestra comunitaria y ver si exhibía el mismo patrón de dos factores. Encontraron que los psicópatas no institucionalizados puntuaban más alto en términos del perfil de personalidad (factor I) que en el perfil de comportamiento (factor II), lo que hacía pensar que una diferencia entre los psicópatas subclínicos y los que no lo son podría ser la ausencia en los primeros del comportamiento antisocial. También encontraron que la muestra no institucionalizada era menos severa en términos de psicopatía, es decir, sus puntuaciones en el PCL-R eran más bajas que la muestra institucionalizada. De estos trabajos podríamos suponer que los psicópatas “integrados" son diferentes a los encarcelados.

 

El perfil afectivo interpersonal tiene mayor peso en el diagnóstico de psicopatía que el perfil de comportamiento antisocial, de manera que los individuos pueden tener puntuaciones altas en uno de los perfiles y no en el otro. Así, los psicópatas no criminales podrían tener elevados niveles en la faceta afectivo-interpersonal y bajos niveles en la faceta de antisocialidad, lo que explicaría que pudieran funcionar en la sociedad sin tener problemas con el sistema legal.

Las personalidades socialmente aversivas "no patológicas" más citadas en la literatura, son tres: el maquiavelismo, el narcisismo subclínico y la psicopatía subclínica. Estos tres rasgos constituyen la “triada oscura de la personalidad” (Jakobwitz y Egan, 2006; Paulhus y Williams, 2002). 

 

El término maquiavélico tiene su origen en Nicolás Maquiavelo, cuando en 1513 escribe la obra “El príncipe”, en la que expone la manera de adquirir y mantener el poder a través de la manipulación de los contextos sociales, teniendo como elemento central el propio interés (Wastel y Booth, 2003). Los primeros psicólogos que estudiaron el maquiavelismo como una variación importante del comportamiento humano fueron Christie y Geis en 1970 (Wastel y Booth, 2003; Wilson, Near y Miller, 1996), y con dicho concepto hacían referencia a la estrategia interpersonal que aboga por los propios intereses, el engaño y la manipulación, que también se conoce como el «síndrome frío de la personalidad» (Pastor, 1982). Para Christie estos manipuladores con éxito se caracterizarían por una falta de afecto en las relaciones interpersonales, falta de preocupación por los demás, ausencia de psicopatología importante y bajo compromiso ideológico (McHoskey, Worzel y Szyarto, 1998).

 

El constructo de narcisismo subclínico emerge de la mano de Raskin y Hall (1981), quienes intentan perfilar una versión subclínica de la definida por el DSM 3 (American Psychiatric Association [APA], 1980) en el trastorno narcisista de la personalidad. Estos autores entienden que las conductas del trastorno narcisista son formas extremas que se manifiestan en menor medida en individuos normales (Raskin y Hall, 1981). Más adelante, en 1988, Raskin y Terry delinearon una definición de narcisismo análoga a las características del factor I en la evaluación de la psicopatía; esta definición caracteriza a las personas narcisistas subclínicas como la tendencia hacia la grandiosidad, exhibicionismo, tendencia a defenderse en respuesta a las críticas, relaciones interpersonales caracterizadas por la explotación, la falta de empatía y la pretensión.

 

Al presentar las descripciones de cada uno de los tres constructos se ha podido observar que comparten ciertas características. Variando el grado, los tres suponen un carácter malevolente con tendencias de comportamiento hacia la auto-promoción, frialdad emocional, hipocresía y agresividad (Paulhus y Williams, 2002). Debido al desarrollo de medidas no clínicas, ha sido posible evaluar recientemente la asociación entre estas tres variables en la población general. Los resultados de las investigaciones realizadas no permiten llegar a un acuerdo sobre la relación que mantienen estos tres elementos. Hay algunos autores que consideran estas tres medidas como constructos equivalentes (McHoskey et al., 1998); otros mantienen que los tres constructos guardan una relación significativa pero no los podemos considerar equivalentes dada la moderada magnitud de la correlación entre ellos (Paulhus y Williams, 2002). También existe controversia sobre qué constructo, si el narcisismo subclínico o el maquiavelismo, guarda mayor relación con la psicopatía subclínica; algunos autores encuentran en sus investigaciones que es el narcisismo subclínico el que más está relacionado con la psicopatía subclínica (Paulhus y Williams, 2002) frente a otros que consideran que es el maquiavelismo el que más relación mantiene con la psicopatía subclínica (Jakobwitz y Egan, 2006; Lee y Ashton, 2005). Por lo tanto, como se puede comprobar es necesaria más investigación sobre la triada oscura para poder aportar más datos a la relación que mantienen estos tres constructos.

Algunos autores como Mejía Mosquera, afirman que la LA PSICOPATÍA ES UN CONSTRUCTO PSIQUIÁTRICO caracterizado por un patrón permanente de déficit afectivo y una falta de respeto por los derechos de los demás y por las normas sociales. El término equivale al ''trastorno de personalidad antisocial'' DSM-IV-TR, DSM-5 y al ''Trastorno disocial de personalidad'' de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10). Los individuos afectados comienzan a presentar características psicopáticas desde la niñez, son propensos a involucrarse en conductas criminales pero no a resocializarse con los programas penitenciarios, y reinciden con más rapidez, crueldad y violencia que los criminales no psicópatas. La etiopatogenia parece basarse en la interacción compleja de factores biológicos y psicosociales. El objetivo del presente artículo es presentar una revisión actualizada de los aspectos neurobiológicos de la psicopatía entre los cuales se encuentran los obstétricos, neuroanatómicos, neuroquímicos y genéticos.

No obstante lo anterior, es imperante distinguir entre un "Trastorno" y una "Condición" y esto es justo lo que en la actualidad se debate.

Si bien, para diversos especialistas no cabe duda que la psicopatía es un trastorno como lo puede ser la depresión, la esquizofrenia o los impulsos obsesivos compulsivos, muchos otros no están del todo de acuerdo y esto nos lleva invariablemente a considerar las aportaciones de la biología y la neurociencia.

¿Porqué la biología y la neurociencia?

Como es sabido, la neurociencia se constituye por un conjunto de disciplinas que tienen por objeto estudiar la base biológica de la conducta y esto no debe entenderse desde un aspecto estrictamente patológico, ya que para ello existe la medicina, sino, también, desde la conducta no considerada como patológica, de ahí que deban analizarse tanto los factores propios del desarrollo durante la infancia y la adolescencia y desde luego el aspecto psicológico.

Como podemos darnos cuenta, aquí se conjugan diversas disciplinas entre las que destacan la biología, la psicología, la sociología, la antropología social, la criminología, el derecho y desde luego la medicina. Luego entonces, el abordaje de un tema de esta naturaleza implica un profundo estudio que talvés no culmine con nuestras generaciones. Es verdad que en las últimas décadas hemos aprendido más del cerebro de lo que se sabía en toda la historia de la humanidad, pero, ¿qué tanto sabemos sobre la mente?. Cerebro y mente no son sinónimos.

En consideración a lo antes expuesto, comenzaremos a analizar los aspectos más importantes que debemos conocer sobre el llamado "Trastorno Antisocial de la personalidad"

TRASTORNO DE PERSONALIDAD ANTISOCIAL

En este apartado se ha considerado incluir las valoraciones expuestas por José Antonio Sánchez González y Ángela Melissa Garzón, ambos catedráticos universitarios en Colombia quienes realizaron un estudio más cercano al contexto latino que al angloamericano, con el objetivo de realizar una selección analítica de la literatura básica con el fin de establecer, en algún grado, el estado actual del conocimiento sobre los factores neurobiológicos asociados al trastorno de personalidad antisocial. Tales factores se centran en la identificación de las estructuras neuroanatómicas implicadas, así como en el funcionamiento neurofisiológico que se altera en el trastorno. De igual manera, se realiza una revisión teórica de los factores genéticos que se asocian con el desarrollo y mantenimiento de la alteración. Para ello, se describe la personalidad y sus trastornos, así como la psicopatía.

La personalidad está constituida por rasgos característicos de pensamiento, afectividad y estilos de comportamiento que tienden a expresarse en formas básicas, relativamente estables y transituacionales a lo largo del tiempo. En ciertos individuos, algunos rasgos pueden ser gravemente disfuncionales, por lo que presentan alteraciones que son descritas como trastornos de la personalidad.

Uno de esos trastornos es el trastorno de personalidad antisocial, conocido como sociopatía o psicopatía, que ha sido objeto de varios estudios empíricos y consideraciones teóricas desde que Phillippe Pinel introdujo el término, hace aproximadamente doscientos años (Clonniger, 2003). Este trastorno de personalidad antisocial se relaciona con el crimen, la violencia y la delincuencia. Los individuos que lo presentan tratan a los demás de manera insensible, sin preocupación aparente, sin sentimiento de culpa, incluso cuando dañan a las personas más cercanas o a ellos mismos, motivados por las oportunidades de manipular a los otros (Millon y Davis, 1998). Las personas con este trastorno de personalidad son sumamente rígidas, no pueden adaptarse a la realidad, lo cual debilita su capacidad operacional. Sus patrones desadaptados de pensamiento y comportamiento se hacen evidentes al principio de la edad adulta, frecuentemente antes y, tienden a durar toda la vida (Mata, 2002).

Por lo mencionado, el trastorno de la personalidad antisocial (TPA) es uno de los temas que más interés ha suscitado en el campo de la psicología en los últimos tiempos, siendo entonces de gran importancia un análisis desde diferentes perspectivas. Por ello, muchos son los documentos, investigaciones, estudios y acercamientos que han trabajado el tema en institutos, universidades y centros especializados en el tratamiento de la personalidad del individuo. En este apartado, se identificarán los factores neurobiológicos y genéticos implicados, lo cual es objeto principal y básico de interés en la presente unidad.

La personalidad y sus trastornos

Definición del concepto de personalidad

Clonniger (1998, referenciado por Téllez, Tabrda y Burgos, 2003) define la personalidad como la organización dinámica de los diferentes sistemas psicobiológicos del individuo que permiten una mejor adaptación, y cuya organización depende de la maduración neurobiológica, las experiencias interpersonales y afectivas, y la incorporación de normas sociales. Sus investigaciones, apoyadas en el Modelo de Rasgos, expresan que los eventos internos y externos hacen parte de un fenómeno multidimensional, donde los aspectos del individuo se integran en dimensiones psicométricas y neurobiológicas para realizar las descripciones categoriales y dimensionales de la personalidad y, a partir de ello, reformular los estudios con la creación de un nuevo modelo de la personalidad (Arroyo y Roca, 1998).

Clonniger, junto con sus colaboradores Siever y Davis (1993), propone un Modelo Tetradimensional de la Personalidad construido sobre los ejes de la genética y la biología, que coinciden con los ejes clínicos que giran sobre los trastornos de personalidad (Arroyo y Roca, 1998). Este Modelo es el que se toma como base para esta investigación teórica, ya que tiene en cuenta los factores que afectan la continua interacción del individuo, haciendo énfasis en el factor disposicional de la biología sobre los diferentes escenarios. Sin embargo, se hace necesario el entendimiento de la personalidad desde la psicología, como constructo esencial del estudio de dicha disciplina, y desde lo social como elemento que diferencia al individuo del resto de las personas, en el proceso de socialización.

Trastornos de personalidad

Pichot, et al. (1995) presentan algunos de los criterios que se deben tener en cuenta para un trastorno de la personalidad. Los define como un patrón permanente de experiencia interna y de comportamiento, que se aparta acusadamente de las expectativas de la cultura del sujeto, estando presente en una, dos o más áreas de las que se mencionan a continuación: cognición (por ejemplo, formas de interpretarse a uno mismo, a los demás y a los acontecimientos); afectividad (por ejemplo, la gama, la intensidad, la labilidad y la adecuación de la respuesta emocional); actividad interpersonal y control de los impulsos.

Autores como Kaplan, Sadok y Grebb, (1994) presentan enfoques complementarios a los que se han mencionado pero, en este punto, al referenciar aquellas definiciones y planteamientos que se relacionan de manera directa con los trastornos de la personalidad como tal. Es entonces cuando estos autores hacen mención a la agrupación que el DSM-IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) le dió a los trastornos de la personalidad, los cuales se dividen en la personalidad paranoide, la esquizoide y la esquizotípica. Las anteriores pertenecen a la agrupación del grupo A. Las del B incluyen los trastornos de la personalidad antisocial, borderline, histriónica y narcisista, teniendo así en las personas que las padecen comportamientos con inclinación al dramatismo, a la emotividad y a conductas erráticas. El grupo C comprende los trastornos de la personalidad por evitación, por dependencia y el obsesivo-compulsivo, y una categoría denominada trastorno de la personalidad no especificado, en la cual las personas suelen ser ansiosas y temerosas.

En síntesis, el lugar que ocupan los trastornos de la personalidad en este contexto se presentan de tal manera que obligan a que el patrón sea estable, inflexible y manifestable en una amplia gama de situaciones sociales y personales, no limitados a episodios concretos. Además, los rasgos de la personalidad causan incapacidad funcional significativa, social o laboral y, de la misma forma, sus manifestaciones se reconocen en la adolescencia o antes de la edad adulta, continúan a lo largo de la adultez y, a veces, se hacen menos patentes o se atenúan en la edad intermedia o avanzada (Arroyo y Roca, 1998).

Hasta el momento se ha identificado la clasificación que se ha intentado dar a los trastornos de personalidad, en el DSM-IV, herramienta esencial de la psicopatología. Siendo el interés de este artículo el Trastorno de Personalidad Antisocial (TAP), a continuación se realizará su descripción.

TRASTORNO DE PERSONALIDAD ANTISOCIAL

Es una alteración de la personalidad que se caracteriza por imposibilitar al individuo a tener una convivencia normal cuando intenta independizarse; sin embargo, cuando logra cierto grado de independencia, lo consigue gracias a su sobreestimada autovaloración, lo que demuestra intentando mantener su supremacía por la fuerza (Astudillo, Cortes y Valdebenito, 2006).

Garrido (2000), tomando como base los trastornos de la personalidad con características de una personalidad antisocial, expresa que este término describe un patrón de conducta caracterizado por la falta de remordimientos y una ausencia completa de restricciones. Del mismo modo, y basado en la exposición de Garrido (2003), agrega que se desarrolló, en ese tiempo, el concepto de “locura moral”, en referencia a los hombres con comportamientos y actitudes antisociales. Esta caracterización significaba la aparición de los principios activos y morales de la mente, en el momento en el que estos se han depravado o pervertido en gran medida; el poder del autogobierno se ha perdido o ha resultado muy dañado y el individuo es incapaz, no de razonar a propósito de cualquier asunto que se le proponga, sino de comportarse con decencia y propiedad en la vida.

Para Vallejo (1980), la personalidad antisocial (trastorno antisocial de la personalidad) refleja en los pacientes una gran frialdad y una falta de miedo ante aquellas situaciones en las cuales cualquier otro sujeto con las mismas características y la misma edad, podría sentir temor o “prudencia” por su aparente peligro o situación de riesgo. Este mismo autor también menciona que los trastornos de la personalidad antisocial se manifiestan con mayor acentuación en aquellas personas que desde la infancia presentan alteraciones y rechazos ante las normas y reglamentos que se les presenten para la vida cotidiana. De este modo, el autor argumenta que desde la etapa de la niñez es común notar este tipo de comportamiento en los pacientes que presentan características de personalidad antisocial, además porque se suman factores relevantes como la mentira constante, el robo, el exceso de travesuras y conductas agresivas, que sobresalen una vez que se avanza en la etapa de la niñez.

Desde el punto de vista de la relación directa con los demás, los pacientes que presentan personalidad antisocial reflejan una regulación que se basa exclusivamente en la sensibilidad ante las señales de recompensa y la gratificación inmediata, por ello no se motivan a realizar actividades que requieran un esfuerzo sostenido y acaban desinteresándose de todo lo que no les provea estimulación y gratificación. Esta descripción de Vallejo (1980) se complementa con otras observaciones tales como la presencia continua de consumo de estimulantes del tipo de las anfetaminas o la cocaína, que se ven combinados con el alcohol o la marihuana, características propias de síndromes tóxicos en dichos pacientes.

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Estos múltiples síntomas que abarcan el trastorno, determinan la aparición de la alteración como un cuadro que afecta al individuo cuando se presentan en la mayoría de las situaciones experimentadas. Por esto, el DSM-IV logró reunir los síntomas en un conjunto de criterios diagnósticos, que facilitan la identificación de este trastorno. Estas consideraciones aún se encuentran integradas en el actual DSM-5.

FACTORES NEUROBIOLÓGICOS DEL TRASTORNO DE PERSONALIDAD ANTISOCIAL

FACTORES NEUROANATÓMICOS

Del-Bel (2005) menciona que la agresión (comportamiento característico de la psicopatía) puede llegar a ser clasificada como reactiva versus operativa. La reactiva (afectiva) se da cuando el individuo se encuentra temeroso y siente la necesidad de defenderse de los estímulos desconocidos, potencialmente peligrosos. Por otro lado, la operativa (depredatoria) es aquella planeada y ejecutada de manera calculada, para eliminar un objeto claramente específico. Estas diferencias de categorías del comportamiento agresivo se pueden identificar claramente en los diferentes procesos neuronales. Las estructuras donde se encuentran estas diferencias de la agresión, la depredadora, han sido ampliamente estudiadas y numerosas estructuras filogenéticamente muy antiguas han sido implicadas, incluyendo el hipotálamo, el tálamo, el mesencéfalo, el hipocampo y el núcleo amigdalino. La amígdala y el hipotálamo trabajan en estrecha armonía y el comportamiento de ataque puede ser acelerado o retardado, según sea la interacción entre estas dos estructuras. Por lo tanto, la inhibición o desinhibición de la agresión puede ocurrir entre dos elementos neuroanatómicos, en los sitios más primitivos o en las estructuras “superiores” sobre otras “inferiores” (Del-Ben, 2005). A continuación se describen los sistemas implicados en la desinhibición e inhibición de la conducta agresiva:

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1. La desinhibición comportamental

Todas las alteraciones, incluidas las comportamentales, tienen elementos comunes. La desinhibición comportamental se vincula, según Mata (2002), con el Sistema de Activación Comportamental (SAC) como opuesto al Sistema de Inhibición Comportamental (SIC). El SAC se activa en respuesta a incentivos gratificantes o placenteros, en tanto el SIC lo hace frente a la posibilidad de castigo o frustración, y se piensa que es el substrato de la ansiedad. Se ha sugerido que en la psicopatía habría una hiperrespuesta del SAC, con baja reactividad del SIC. Esto ha sido demostrado por medio de pruebas. Algunos autores encontraron que los altos buscadores de sensaciones, especialmente aquellos que puntúan alto en desinhibición, tienden a mostrar baja desaceleración cardiaca a los tonos de moderada intensidad, en tanto que los bajos buscadores de sensaciones responden a la inversa. Estos resultados sugieren que los altos buscadores atienden más a los estímulos novedosos, aún si éstos carecen de significado desde el punto de vista de la recompensa o el castigo (Mata, 1998).

La teoría del bajo nivel de alerta, la cual tendría que ver con la frialdad afectiva, se apoya en que los psicópatas tienen baja responsividad fisiológica, evidenciada por el gasto cardíaco bajo, desde muy temprana edad, exceso de ondas lentas en el electroencefalograma (EEG) y baja conductividad eléctrica de la piel. En un sentido directo, esta baja responsividad puede hacer al individuo menos sensible a claves sutiles requeridas para el aprendizaje de claves prosociales y puede deteriorar el condicionamiento clásico de respuestas emocionales que se cree son importantes para la formación consciente del aprendizaje de la evitación (Howard, 1986).

2. La inhibición comportamental

Para Mata (2002), una falta de alerta autonómica podría explicar el déficit en el aprendizaje de la evitación pasiva en psicópatas, debido a que el arousal puede inhibir la respuesta en las personas más ansiosas. Los psicópatas tienden a exhibir menos alertabilidad de acuerdo a las mediciones de resistencia eléctrica de la piel pero muestran alta respuesta cardiaca a los estímulos que han sido condicionados al castigo, ocurriendo a la inversa cuando tal condicionamiento no existe la respuesta cardiaca es bifásica, esto es, puede mostrar tanto aceleración como desaceleración en respuesta a los estímulos.